
Se temía este partido porque se conocía que el Algeciras está a la desesperada, porque llegaban con ganas y había que estudiar cómo anular ese 3-3 defensivo de Franch. Durante la semana Ortega preparó el partido, tratando de recuperar a García Vega, incorporación que se notó positivamente en los de casa.
Lo único que se había olvidado es que el balonmano español está muy por encima de la media de los árbitros, que no es que se equivoquen, que sería comprensible, sino que se pasan en los gestos, provocando al público como hemos visto dentro y fuera de Antequera, que juegan con el esfuerzo de directivos, jugadores, técnicos y afición, y lo peor es cuando se envalentonan, cuando olvidan la imparcialidad –una cosa es equivocarse para los dos equipos, otra “tomarla” con uno, y si es el de casa, pues más “mérito” aún–, para tomar parte decisiva en el resultado. No se tome esto como un desvalorar el titánico esfuerzo algecireño: jugaron a muerte, conscientes de lo que valían estos puntos (nos han superado en diferencia de goles), se emplearon como hay que hacerlo; hicieron un balonmano quizá no muy técnico, pero sí de fuerza, garra, entrega. Y, finalmente, se limitaron a aprovechar los regalos arbitrales, como hubiera hecho cualquiera.
De salida planteamiento en defensa de 6-0 los locales y 3-3 los visitantes, atacando ambos con 3-3. Tras adelantarse los locales 2 a 0, se igualan las cosas, como reflejan los empates en los minutos 5, 10, 15 y 20. Se veía un balonmano intenso, con más acierto ofensivo que defensivo. Los algecireños toman ventaja de dos goles que neutralizan los de casa con el 13 a 13 del minuto 28. Dos goles visitantes y uno del Antequera dejan el marcador en 14 a 15. Igualdad en esta primera parte, en la que Franch camgbió su 3-3 defensivo, por un más conservador 5-1. Ortega volvió a dar minutos a Vico y prefirió la movilidad de Juanan o Ostarcevic antes que un más que probable “limitado” Jahns.
La segunda parte comienza igualdada, pero ya en el minuto 40, los locales empiezan a tomar ventaja que aumentan a falta de diez minutos para el final, hasta un 30 a 26, gracias a las grandes paradas de Xavi, a los robos de balón de Kogosev, y al buen hacer del resto. El público se las promete felices y viene la “actuación” arbitral. Con 30 a 26, algo que no hemos visto nunca: un tiro local se estrella en el larguero, va hacia el campo el balón y un árbitro lo corta para darlo al portero visitante; de seguido, tras la bronca imponente, deja a los locales con cuatro jugadores de campo, y pitan dos penaltis contra los de casa. La bronca espantosa, llegándose al empate a 30. Alexis marca para los locales, ya a menos de dos minutos del final, y nueva expulsión a Kogovsek. El Antequera se viene abajo, desperdiciando una oportunidad y los algecireños ganan por la mínima, celebrando el triunfo de manera apoteósica. Mientras los árbitros se retiran en medio de la bronca más grande que recordamos en este Pabellón.
Dejando al margen esa actuación provocadora, irracional, antideportiva, el partido estuvo igualado hasta esos minutos finales mencionados, en que los de casa hicieron méritos para ganar, sin contar con los de gris. Al Algeciras hay que aplaudirle su fuerza, su entrega, su saber aprovechar las veces en que los locales acusaron los contratiempos colegiales. Montavez y Puig, estuvieron listos a la hora de transformar en gol los robos de balón, y el portero Stilimparis estuvo a gran altura. En los de casa, insistimos, merecieron mucho más, pero… por los árbitros y por errores y fallos durante el partido, por el “eclipse” de algunos jugadores, no fue posible.